Testimonio de un educador. Centro de menores no acompañados “La Esperanza” (Tenerife)

27 06 2009

Son las 8:30 de la mañana. Y luego de recibir las instrucciones por parte del educador responsable de turno, voy a mis habitaciones asignadas para despertar a los chicos.

La habitación con cuatro literas, hospeda a ocho menores inmigrantes provenientes de África. Al abrir la puerta, un olor intenso, hace calor. Me dirijo a la ventana y les doy los primeros buenos días. Alguno ya está despierto y hasta se ha duchado. Otros, duermen profundamente y parecen no inmutarse al escuchar mis saludos matutinos. Uno a uno me acerco a sus camas y con mucho cuidado les muevo y les vuelvo a saludar, algunos abren los ojos, otros me sonrien y otros me insultan en su idioma.

Ha transcurrido ya un cuarto de hora y parece que la mayoria se niega a levantarse pronto de la cama, me asomo al pasillo y da olor a cigarrillo. Están fumando en el baño. Entro al baño, me veo a dos chicos fumando un cigarrillo roto a la mitad. Esto lo hacen para que dure poco y los educadores no puedan detectarlos. Me acerco, los conozco bien, son parte del grupito al que yo llamo “los de siempre”, me acerco a ellos, apuran la ultima calada y me sonrien. Es justo aquí cuando me viene a la mente un recuerdo de aquellos primeros dias en el centro.

Aquella mañana de abril, entro al baño bajo la misma dinámica que relataba anteriormente y un menor que fumaba empieza a insultarme en su idioma. Me llamaba chivato seguramente. En su mirada había odio, tenía los ojos hinchados de sueño, el educador de su habitación lo había echado de la cama bajo una tónica desagradable a cualquier hora del día, a empujones. El chico me enfrenta, me dice que me vaya, que no apagará el cigarro. Yo tuve miedo del menor, no estaba preparado para esa situación, era mi segundo día de trabajo. Salgo del baño, llamo a un compañero y le comunico la situación, él entra al baño, se escuchan gritos, insultos. El menor sale del baño, me mira desafiante, le sigue el educador y a gritos le comunica al menor que ha perdido 20 de los 30 euros que reciben cada quincena. El menor tiene una sanción, me siento culpable, podría haber hecho la vista gorda, pero mi jefe inmediato estaba siempre encima mio observando como me desenvolvia. Vaya primer día de trabajo.

Aquellos días no podía dejar de pensar en el especto desastroso del centro, había humedades por todas las esquinas y desconchaba la pintura hasta relucir los bloques propios de la pared. Las luces, tenues, tipo tunel, eran mantenidas por un sistema eléctrico que parece haber sido montado por alguna persona inexperta o por alguien que en ese momento tenía mucha prisa. Se veian los cables colgando por el techo, todas las instalaciones están remendadas con apaños y chapuzas, algunas dignas de una pelicula de Cantinflas. Puertas rotas por las patadas, y marcos pintados con pinturas de caucho, son la fachada estética de este centro de menores que parece haber sido montado ayer en menos de 24 horas.

El comedor era un aula donde recibian formación o clases de español. El cáterin era monótono, sólo bastarían un par de meses desayunando los mismos alimentos para colmar al más apacible de estos menores. Y ni hablar de poder repetir algun día que se tuviese más hambre. Las raciones eran muchas veces bastante cortas, más aún si consideramos que muchos de estos chicos durante todo el día solo comieron un bocadillo que viene dentro de su bolsa de “picnic”, bastante precaria y monótona también.

En mis primeras semanas, fuí conociendo a la empresa y al personal que la hacía funcionar. Muchas cosas no dejaban de asombrarme. Algunos de los educadores hacían repetidos comemtarios de corte racista y en sus palabras se dejaba sentir una agresividad hacia los menores que me hacía querer mandarlos a callar. La empresa pertenece a un politicucho de Coalición Canaria, el partido gobernante en las islas. Como era de esperarse, fue elegido a dedo. Antiguo presidente de la O.J.E (organización de juventudes españolas) y dueño de una empresa que hace un par de años atravesara un pleito por acoso contra trabajadores que exigían mejoras en las condiciones de su trabajo. Era un hombre que no daba pie a muchas esperanzas para cualquiera que de verdad deseara la integración de estos menores en la sociedad canaria.

La empresa contrataba educadores bajo perfiles muy variados. Algunos de ellos eran autenticos musculitos de gimnasio, porteros de discoteca, o personas que en algun momento habían trabajado para la seguridad privada o cuerpos de policia. Otros, sin embargo eran gente muy jovial, simpática y dinámica de la cual he aprendido muchas cosas de este trabajo, para el cual debo mencionar, no tuve nunca formación ninguna ni experiencia previa. Es a este grupo de educadoras a las que agradezco muchas cosas y con las que compartí experiencias que me hicieron crecer como educador y como persona. Gracias a todxs ellxs.

Fue de ellxs de quienes aprendí y en quienes encontré mi propia manera de manejarme con los pibitos. Entiendo que una sanción económica los deja sin dinero y que ellos la asocian más con la manera de trabajar de la policia, que de alguien que se supone actua como su educador o su “hermano mayor”. Además esto les empuja a la necesidad, y sabemos que la necesidad lleva a las personas a hacer cosas que normalmente no harian, como robar a un compañero o en establecimientos comerciales. Así, de esta manera, llegan a tener problemas reales para luego poder establecerse en la sociedad de manera regular, conseguir la residencia y finalmente vivir en Europa, que fue la razón por la cual estos pibes se arriesgaron a venir en pateras desde sus países de origen.

Lastima que la empresa prefiera personal que trabaje como policias a los educadores que lo intentan por medio del dialogo y del entendimiento. Si no hay sanciones con tu nombre tienes a tu favor un despido o la no renovación del contrato. Se da por entendido que no trabajas o que tienes miedo de los menores. O que pasas de llevar a los pibes por la vereda que te dicta el centro.

Así, volvamos a la mañana de ayer. Me encontraba de nuevo en el baño, los chicos me sonreían a la vez que apagaban el cigarrillo, habia conseguido a dos “voluntarios” para limpiar el baño aquella noche. Ellos saben que yo no aplico sanciones económicas. No les gusta limpiar el baño pero esta noche no les queda otra opción. Ésta mañana, yo los vi fumando en el baño y saben que otro educador les habría amargado la mañana. Admito que no esta bien que fumen en el baño ni fuera de él, es un vicio que no le recomendaría a nadie, ni fuera, ni dentro del centro. Pero por algún lado tiene que escapar la presión y la resignación al verse encerrados en estos centros abiertos, en los fríos y humedos montes de La Esperanza, en Tenerife, Islas Canarias, España.

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5 responses

28 06 2009
José

He leído tu relato. Yo he trabjado como educador en un Centro de Reforma. Por experiencia te diré que el primer paso para la integración es el conocimiento de la norma y el cumplimieto de ella. Y al norma se establece “a priori”. No me sirve el pacto “de conveniencia” ante el imcumplimiento. Si el reglamento establece que la sanción por fumar o por insultar al educador, es la retirada de un dinero (no entiendo lo del sueldo de 30 euros quincenales), se aplica la norma y asi la próxima vez se lo pensará. Por otra parte no se puede, para salvar el culo, aplicar sanciones más suaves que el resto de miembros del quipo educativo. Un quipo tiene las mismas normas no es muy educativo enseñar al menor que la norma se puede cambiar si nos interesa.
Amigo, si cuando tu madre te despierta por la mañana, tu la saludas con un insulto, te premia con un desayuno a tu capricho?.
Vamos a dejar las peliculitas y vamos a dejarles claro que esta sociedad tiene unas normas y que si te saltas el semáforo y te pillan, la multa te cae aunque no tengas para pagar la hipoteca.
Te aclaro que yo era de los educadores “duros” y JAMAS tuve un problema con los menores (hoy sigo siendo amigo de alguno de ellos, ya adultos). Mis chicos sabian que si yo prometia premio, lo tenian seguro, pero si su comportamiento merecía una sanción, la sanción era segura e impuesta por ellos mismos con el reglamento en la mano.

28 06 2009
Dani

Hola!

En primer lugar, me gustaría decir que acabo de acabar la carrera y estoy pensando en trabajar en un centro con inmigrantes, y quería decir que esto me a servido de mucho, porque gracias a este artículo, ya se más o menos a donde voy a ir .Gracias a la experiencia de este chico se que tengo que ser yo mismo y saber que aparte de ir trabajar voy tratar de ayudar a esos chicos que necesitan ayudan.
Ahora ya lo tengo claro y se que tengo ganas de ir y demostrar el porque e decidido trabajar de EDUCADOR SOCIAL!!

Un Saludo!

29 06 2009
José

Está muy bien la ilusión con la que pretendes comenzar tu trayectoria profesional, pero cuanta más ilusión pongas, más decepciones llevarás.
La verdadera ayuda para estos chicos debría ser de integración y no de caridad y la integración empieza por hacer que no se comporten de forma diferente a los chicos de aquí. Aunque yo siempre he pensado que las medidas de protección han de ser temporales y encaminadas a su retorno al seno de la familia para asi evitar el desarraigo que el 99,99% de las veces lleva a la marginación.
No obstante la mejor ayuda que les puedes prestar sería en su lugaar de origen para que no tuvieran que abandonar a sus familias ni arriesgar sus vidas en pateras y a manos de las mafias.
O el mal se corta de raiz o nunca se erradicará.

30 06 2009
José

Algunos datos que me hacen dudar de la voluntad de integrarse algunos de ellos. La sociedad no está dispuesta a considerar víctimas a los que actúan como verdugos:

El 40% de los menores que delinquen en el Principado son extranjeros
La mayoría llega de Marruecos.Ahora son más violentos, según la Memoria de la Fiscalía de Menores.

La noticia completa se puede leer en:

http://www.20minutos.es/noticia/476441/0/menores/delincuentes/asturias/

1 07 2009
Carlos

Es duro trabajar en un centro que no tiene una visión adecuada, que sólo es un contenedor de chicos. El problema de los centros son los equipos, no los chicos, eso es indiscutible. Entre los intereses de la empresa, los pardillos, los “duros” que se realizan imponiéndose ante un crío, los quemados que no superan su fase de funcionario con “niños de los nuestros”, los psicólogos de pacotilla….
Encuentro meritorio que resistas, que no renuncies y rompas barreras de defensa de esos chicos para llegar a comunicar con ellos. Los chicos al fin y al cabo necesitan vinculaciones, no centros con normas que nunca fallen. Con algo de experiencia estoy seguro que encontrarás mejores formas que “hacer la vista gorda”. Por otro lado, buenísimos educadores y directores hacen continuamente salvedades para mostrar que no somos una máquina de picar carne y que vemos las circunstancias del chaval. La cuestión es hacerlo cuando tú quieres y con un sentido, y cuando el equipo está engrasado, de manera compartida. Uno no es educador cuando sale de la uni, te haces durante toda la vida.

Desde hace años hay redes (drari, prodein, social y justicia…) y libros (Bargach, Santonja y Konrad, Jimenez…) que te pueden acompañar si vas por lo legal, lo justo y lo humano.

José: El problema en Asturias no es tener chicos raros y disfuncionales. Es el mismo de toda España: que los centros funcionan de pena y no saben atenderlos, sobretodo cuando ya vienen rebotados de 3, 4, 5 o más centros. Se está trabajando de verdad con ellos o deseando que se vayan? Te invito a que escarbes un poco, más allá del titular del periodicucho.

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